La lluvia y la caída de las culturas mesoamericanas
El geocientífico Mateo Lachniet y un equipo internacional de investigadores han utilizado las estalagmitas para dar a conocer la historia de 2.400 años del clima del suroeste de México. Este descubrimiento une las evidencias arqueológicas de las caídas de las antiguas civilizaciones mesoamericanas con las precipitaciones cambiantes. Los resultados fueron publicados el 23 de enero en la revista Geology.
Poco se sabe sobre lo que contribuyó a la suerte de la otrora próspera ciudad mesoamericana de Teotihuacan, aunque la evidencia histórica sugiere que los periodos de lluvia superior al promedio seguido por la extrema sequía podrían haber desempeñado un papel importante. Lachniet y su equipo recogieron y analizaron una estalagmita de la cueva de Juxtlahuaca en Guerrero. La cueva está en la región central del Monzón de América del Norte, un fenómeno climático de los principales responsables de la lluvia en la mayor parte de México y partes del suroeste de Estados Unidos. La cueva fue también una gran fuente de estalactitas. Al igual que los anillos de los árboles, se pueden registrar con precisión la historia de las precipitaciones de un área.
Lachniet comentó:
México y el suroeste de Estados Unidos están unidos por los procesos climáticos en el Océano Pacífico. Nuestros registros demuestran que las condiciones secas, probablemente relacionado con los procesos de El Niño, fueron recurrentes a lo largo del tiempo. El punto a destacar es que la civilización se establece siempre bajo el suministro de agua. Si no puede llevar un suministro de agua la civilización cae. Sólo recientemente los científicos han comenzado a descubrir los secretos de la estalagmitas, los pluviómetros antiguos. Las estalagmitas de las regiones tropicales proporcionan un registro más largo que los anillos de árboles. También crecen rápidamente lo que nos permite identificar las variaciones del clima en escalas de tiempo casi anuales. Precipitaciones superiores al promedio entre los siglos primero y el tercero coincidió con el auge de principios de los años de la ciudad de Teotihuacan. Por el contrario, una tendencia de 500 años de sequias, incluyendo una sequía de más de 150 años continuada, coincidió con el deterioro acelerado de la población de Teotihuacan alrededor de 550 D.C. No podemos decir con certeza que otros factores sociales eran los conductores del cambio cultural, pero ahora tenemos bien fechada y sólida información sobre el clima para comparar. El cambio climático es la norma para la región desde hace miles de años, y variaciones similares se esperan para el futuro.
| publicado el 29 de Enero de 2012 texto: The Sacramento Bee y www.aztlanvirtual.com almacenado en noticias enlace permanente |
¡Feliz Navidad!
Desde www.aztlanvirtual.com queremos desear a todos nuestro lectores una Feliz Navidad y un próspero año nuevo.
Recuerda que si te interesa nuestra página web. Si consideras que es útil y amena. Si quieres premiar a los editores de la web para ayudarles a mantenerla activa. Si eres un fan de www.aztlanvirtual.com y estás deseando que se publiquen nuevos contenidos cada semana. Entonces puedes considerar la idea de realizar una donación a nuestra web. Tú eliges el importe de acuerdo a tus posibilidades y a lo que consideres que te aporta nuestra web. No lo pienses más. ¡Haz tu donación!. La donación se realiza mediante PayPal, pero no es necesario que estés registrado para realizar la donación. Ponte en contacto con nosotros si tienes algún problema con este sistema. El link de la donación está siempre accesible desde nuestra página de "acerca de".
Recuerda que si te interesa nuestra página web. Si consideras que es útil y amena. Si quieres premiar a los editores de la web para ayudarles a mantenerla activa. Si eres un fan de www.aztlanvirtual.com y estás deseando que se publiquen nuevos contenidos cada semana. Entonces puedes considerar la idea de realizar una donación a nuestra web. Tú eliges el importe de acuerdo a tus posibilidades y a lo que consideres que te aporta nuestra web. No lo pienses más. ¡Haz tu donación!. La donación se realiza mediante PayPal, pero no es necesario que estés registrado para realizar la donación. Ponte en contacto con nosotros si tienes algún problema con este sistema. El link de la donación está siempre accesible desde nuestra página de "acerca de".
| publicado el 18 de Diciembre de 2011 almacenado en inicio |
Desde el 8.000 a.c. ya se navegaba en Mesoamérica
En la región del Cabo, en Baja California Sur, arqueólogos del INAH han localizaron un sitio con cientos de herramientas rudimentarias hechas por el hombre a finales de la época del Holoceno Temprano, periodo comprendido entre el 8.000 y el 6.000 a.c. El descubrimiento de estos objetos, que tienen una antigüedad de 9.000 años, refuerza la hipótesis acerca de la migración vía costera de los primeros pobladores del continente americano.
El hallazgo se registró en un sitio que los arqueólogos denominaron El Coyote, el cual se suma a otros similares en la región, que en conjunto plantean que el hombre se desplazó por la costa y llegó a lo que hoy es la península de Baja California, durante los últimos años de dicha era geológica.
Los avances de este estudio realizada en ese lugar desde hace tres años, fueron dados a conocer por los arqueólogos del INAH Isaac Aquino, director de la investigación; y Leticia Barajas, jefa de campo, quienes afirman que por la extensión de El Coyote, la cantidad de artefactos que ahí se conservan y la continuidad cronológica que ofrecen, su estudio y análisis apoyará de manera sustancial los antecedentes de ocupaciones humanas tempranas y tardías en la península, que diversos investigadores de la región han venido planteando tiempo atrás.
A partir de análisis de los materiales arqueológicos hallados, los especialistas identificaron una tecnología en el proceso de elaboración y aplicación de las herramientas de piedra y concha, igual a la que se ha encontrado en otros sitios de la región de El Cabo, y que tienen la misma temporalidad, entre los que destaca la Isla de Espíritu Santo, por lo que proponen que se trata del mismo grupo cultural aún no identificado, que bajó por la costa del Golfo de California desde la parte norte de la península hacia el sur, hasta incursionar en islas y ocupar una porción de esa región.
El Coyote abarca alrededor de cien hectáreas, localizadas en la zona costera del Golfo de California o Mar de Cortés, en las cuales se encontraron cientos de herramientas de piedra, conchas y caracoles con huellas de haber sido manipuladas por el humano, como la almeja (Chama buddiana) —cuya dureza sólo permite abrirla al fuego—, de la cual se hallaron ejemplares quemados; restos de animales marinos y terrestres que fueron consumidos, además de artefactos de pesca, de los que destacan tres anzuelos elaborados con conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica).
Los milenarios objetos se encontraron en diversos puntos que los arqueólogos conocen como campamentos, algunos a cielo abierto (sin techo) y otros en el interior de cuevas; así como en espacios que eran ocupados como talleres primitivos para fabricar herramientas de piedra y concheros (áreas de desechos y consumo de moluscos), mismos que indican el desarrollo de distintas actividades relacionadas entre sí, como la extracción de riolita (roca) y la fabricación de herramientas para la obtención de recursos terrestres y marinos.
Los materiales descubiertos también indican que los antecesores de los bajacalifornianos ya navegaban para esa época remota, mediante algún tipo de balsa sencilla, con la cual se desplazaba mar adentro para después sumergirse a distintas profundidades, toda vez que los restos de algunas de las especies marinas encontradas sólo se pueden obtener por medio de buceo.
Finalmente, los especialistas señalaron que hasta el momento no se han encontrado esqueletos humanos por lo que es imposible saber a qué grupo étnico pertenecían los habitantes de El Coyote; sin embargo el arqueólogo Isaac Aquino explica que cuando llegaron los primeros exploradores españoles al Cabo, en el siglo XVI, esa región estaba habitada por el grupo pericué, etnia extinta actualmente.
El hallazgo se registró en un sitio que los arqueólogos denominaron El Coyote, el cual se suma a otros similares en la región, que en conjunto plantean que el hombre se desplazó por la costa y llegó a lo que hoy es la península de Baja California, durante los últimos años de dicha era geológica.
Los avances de este estudio realizada en ese lugar desde hace tres años, fueron dados a conocer por los arqueólogos del INAH Isaac Aquino, director de la investigación; y Leticia Barajas, jefa de campo, quienes afirman que por la extensión de El Coyote, la cantidad de artefactos que ahí se conservan y la continuidad cronológica que ofrecen, su estudio y análisis apoyará de manera sustancial los antecedentes de ocupaciones humanas tempranas y tardías en la península, que diversos investigadores de la región han venido planteando tiempo atrás.
A partir de análisis de los materiales arqueológicos hallados, los especialistas identificaron una tecnología en el proceso de elaboración y aplicación de las herramientas de piedra y concha, igual a la que se ha encontrado en otros sitios de la región de El Cabo, y que tienen la misma temporalidad, entre los que destaca la Isla de Espíritu Santo, por lo que proponen que se trata del mismo grupo cultural aún no identificado, que bajó por la costa del Golfo de California desde la parte norte de la península hacia el sur, hasta incursionar en islas y ocupar una porción de esa región.
El Coyote abarca alrededor de cien hectáreas, localizadas en la zona costera del Golfo de California o Mar de Cortés, en las cuales se encontraron cientos de herramientas de piedra, conchas y caracoles con huellas de haber sido manipuladas por el humano, como la almeja (Chama buddiana) —cuya dureza sólo permite abrirla al fuego—, de la cual se hallaron ejemplares quemados; restos de animales marinos y terrestres que fueron consumidos, además de artefactos de pesca, de los que destacan tres anzuelos elaborados con conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica).
Los milenarios objetos se encontraron en diversos puntos que los arqueólogos conocen como campamentos, algunos a cielo abierto (sin techo) y otros en el interior de cuevas; así como en espacios que eran ocupados como talleres primitivos para fabricar herramientas de piedra y concheros (áreas de desechos y consumo de moluscos), mismos que indican el desarrollo de distintas actividades relacionadas entre sí, como la extracción de riolita (roca) y la fabricación de herramientas para la obtención de recursos terrestres y marinos.
Los materiales descubiertos también indican que los antecesores de los bajacalifornianos ya navegaban para esa época remota, mediante algún tipo de balsa sencilla, con la cual se desplazaba mar adentro para después sumergirse a distintas profundidades, toda vez que los restos de algunas de las especies marinas encontradas sólo se pueden obtener por medio de buceo.
Finalmente, los especialistas señalaron que hasta el momento no se han encontrado esqueletos humanos por lo que es imposible saber a qué grupo étnico pertenecían los habitantes de El Coyote; sin embargo el arqueólogo Isaac Aquino explica que cuando llegaron los primeros exploradores españoles al Cabo, en el siglo XVI, esa región estaba habitada por el grupo pericué, etnia extinta actualmente.
| publicado el 11 de Diciembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com almacenado en noticias enlace permanente |
Teotihuacan tuvo ministerios fiscales
La Ventilla, un asentamiento en la periferia del centro ceremonial de Teotihuacan, el cual es considerado un modelo de lo que fue un barrio prehispánico de la antigua metrópoli, no sólo tuvo ese uso de suelo, sino también fue sede de los ministerios fiscales del Estado teotihuacano. Esto fue dado a conocer por los arqueólogos Rubén Cabrera Castro y Jaime Delgado, del INAH, durante su participación en la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan.
Rubén Castro cometó:
Rubén Castro cometó:
Los vestigios del barrio La Ventilla revelan una infraestructura que nos permite conocer el sistema urbano de Teotihuacan: calles que circundan las manzanas, un sistema hidráulico complejo y diferentes accesos. Todo esto nos permite proponer que fue un barrio, el más explorado hasta ahora. La Ventilla no fungió como un barrio desde su primera etapa, pero hacia el año 100 d.C. se convirtió en un núcleo de ocupación jerarquizado con un fuerte componente agrícola. Los edificios del Conjunto Bordes Rojos, que datan de los años del 150 al 250 d.C. representaron la consolidación de esa primera etapa de ocupación y, muy probablemente, fungieron como una sede del poder político o religioso vinculado al culto de la serpiente emplumada. Incluso la destrucción del templo dedicado a esta deidad, coincide con la destrucción entre los años 250 y 300 d.C. de las construcciones de Bordes Rojos de La Ventilla. El barrio La Ventilla estuvo conformado por dos sectores, el Conjunto Bordes Rojos y el Patio de los Glifos, que entre los años 250 y 550 d.C. fueron remodelados pero mantuvieron una vocación estatal, de manera que sirvieron como ministerios fiscales desde los cuales se clasificaban y organizaban los bienes obtenidos de la relación de Teotihuacan con otras regiones de Mesoamérica, como lo hace suponer una serie de glifos pintados en los pisos, que aluden a topónimos de otros lugares. Fue en ese momento que se construyó, al norte de La Ventilla, un barrio de producción de lapidaria, plumaria y trabajo en concha, entre otros oficios, como resultado de un fenómeno de crecimiento urbano y de especialización manufacturera. Por ello proponemos la existencia, por un lado, de ministerios fiscales y religiosos de vocación estatal, y por el otro, un barrio de producción hacia el norte. Es decir, no hubo una, sino dos entidades administrativas diferenciadas desde el punto de vista de la organización central, que se desarrollaron en paralelo y que sólo mantuvieron el nivel de interacción que exigía el Estado teotihuacano.
| publicado el 13 de Noviembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com almacenado en noticias enlace permanente |
Confirmada la multietnicidad de Teotihuacan
La procedencia de los antiguos habitantes del barrio de Teopancazco, cuyos vestigios se ubican al sureste de la antigua urbe de Teotihuacan, fue revelada a través de estudios de antropología física y evidencias arqueológicas, que arrojaron que se trató de migrantes de la costa del Golfo de México, posiblemente de lo que hoy es Veracruz, quienes habitaron en la Ciudad de los Dioses entre los años 150 y 600 d.C.
A partir de análisis de paleodieta y estroncio, que permiten determinar el hábitat en que se desarrollaron los individuos, realizados a los restos óseos de más de 40 de los 117 entierros descubiertos en ese sitio, se determinó que se trató de personas de procedencia foránea, migrantes de diferentes latitudes provenientes de la costa del Golfo de México, aunque otro tanto también mostraban características locales que los ubican como nativos de Teotihuacan, lo que confirma el carácter multiétnico de esta ciudad prehispánica, donde habitaron diversos grupos provenientes de lo que actualmente es Oaxaca, Michoacán y Veracruz.
Linda Manzanilla, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante su participación en la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan comentó:
La procedencia costera de quienes habitaron ese sector de la antigua ciudad, hoy San Sebastian Xolalopan, también se ha deducido a través de las costumbres funerarias. Frente al hecho de que los teotihuacanos generalmente enterraban a sus muertos en fosas bajo los pisos de sus viviendas, en Teopancazco se hallaron entierros inusitados de varios individuos masculinos decapitados y dispuestos cada uno en vasijas tapadas y cubiertas con cinabrio, ritual del que sólo tiene precedente en Cerro de las Mesas, Veracruz. Teopancazco pudo haber fungido como un centro independiente y artesanal dedicado a la producción de atavíos de las élites. Aquí predominaron las actividades de sastrería, según la evidencia encontrada en el sitio, que va desde instrumentos de hueso como agujas para unir telas de algodón, herramienta para trabajar cuero y pieles y leznas, instrumento para hacer agujeros y coser, hasta botones de concha y cerámica, colorantes para telas y plumas y pieles para bordar o coser. Asimismo se encontraron muchas especies de moluscos provenientes tanto del Golfo de México, como del Pacífico y del Caribe, además de caparazones de tortuga y armadillo, así como restos de cocodrilos y pinzas de cangrejo que pudieron formar parte de los trajes, atavíos y tocados que elaboraban. Lo anterior nos sugiere que en Teopancazco se manufacturaban los trajes y tocados de sacerdotes y militares, como los que se muestran en los murales y figurillas del lugar. A partir del análisis de figurillas de cerámica encontradas en el sitio, con representaciones de ancianos, mujeres, jugadores de pelota y militares, se ha podido determinar cómo eran algunos de los tocados y vestimentas que se confeccionaban, por ejemplo, armaduras rellenas de plumas o algodón, o pectorales construidos con diversas conchas. La antigua Ciudad de los Dioses tenía multietnicidad en el área de la periferia, integrada por gente común dedicada a actividades artesanales como alfarería, sastrería, estucadores, talladores de obsidiana, cerámica, lítica tallada y pulida y lapidaria, entre otras, de donde la élite media, conformada por sacerdotes y militares que regían los barrios, linajes poderosos y casas nobles de la ciudad obtenían diversos productos. Teotihuacan representa un reto intelectual por su heterogeneidad y complejidad por ser a la vez centro de manufacturas y movimientos de bienes; capital de un Estado con estrategia corporativa, y que tuvo una compleja trama de grupos sociales y étnicos entrelazados por actividades comunes como rituales y ceremonias. Además fue un sitio sagrado, un asentamiento estratégico en cuanto a recursos como la obsidiana, en fin, un escenario mesoamericano único del cual nos falta muchísimo por desentrañar y conocer
| publicado el 06 de Noviembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com almacenado en noticias enlace permanente |
Sacrificio. La muerte ritual entre los mexicas

Cuando las tropas de Hernán Cortés pisaron por primera vez las costas de Yucatán, no pudieron más que horrorizarse ante el descubrimiento de los sacrificios humanos. Cortés se apresuró a informar de este hecho a Carlos V en su primera carta de relación.
La eliminación del sacrificio humano practicado por los habitantes de Mesoamérica fue rápidamente adoptada por Cortés como justificación suficiente para la conquista militar y espiritual de esas tierras. Durante su primer viaje desde las costas de Veracruz a la capital del imperio Mexica, trató de eliminar esta práctica por todas las ciudades por las que pasaba, pero no siempre los resultados fueron los esperados por él.
Esta actitud denota sin duda, el gran arraigo de la práctica del sacrificio humano y la suma importancia que le concedían sus habitantes. De hecho los aliados de Cortés, los tlaxcaltecas, durante el sitio de Mexico-Tenochtitlan, sacrificaron a millares de habitantes de la ciudad sin que los españoles pudieran hacer nada al respecto. (Leer más...)
| publicado el 16 de Octubre de 2011 almacenado en reportajes enlace permanente |
Descubierto un Nuevo Cuauhxicalco en el Centro de la Ciudad de México

Una plataforma circular de grandes dimensiones y más de 500 años de antigüedad, fue descubierta por especialistas del INAH en la Plaza Manuel Gamio, frente al Templo Mayor, en el centro de la Ciudad de México.
Las primeras hipótesis apuntan a que es posible que se trate de un cuauhxicalco donde quizá fueron enterrados algunos tlatoanis o gobernantes. La estructura tiene 15 metros de diámetro y 1,5 metros de altura y fue hallada a cinco metros de profundidad. Corresponde a la etapa constructiva IV B del Templo Mayor (1469-1481), relativa al gobierno de Axayácatl. Dicha estructura fue desmantelada en aquella época, durante las obras de ampliación de Templo Mayor. Este hallazgo es de gran relevancia porque permitirá hacer una nueva radiografía de la antigua Tenochtitlan, respecto a la distribución de los 78 edificios prehispánicos que conformaban el recinto sagrado, de acuerdo con las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, y aportará nuevos datos sobre la historia, la arquitectura y las prácticas rituales de la cultura mexica.
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y fundador del PAU, mencionó que según fuentes documentales de cronistas del siglo XVI, como Diego Durán, Tomás de Torquemada, Hernando Alvarado Tezozómoc, y principalmente Bernardino de Sahagún, existían cinco cuauhxicalco o edificios ceremoniales del recinto sagrado de Tenochtitlan, donde habrían sido enterrados algunos tlatoanis o gobernantes mexicas, y quizá este edificio sea uno de ellos, pues guarda relación directa con el Templo Mayor al estar justamente frente a él. El primero de los hallados de este tipo se ubica debajo del sagrario de la Catedral Metropolitana, el cual se cree que se trata del Templo del Sol, debido a sus grandes dimensiones y a las representaciones solares que tiene, y el segundo sería esta plataforma que se acaba de descubrir.
Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó:
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y fundador del PAU, mencionó que según fuentes documentales de cronistas del siglo XVI, como Diego Durán, Tomás de Torquemada, Hernando Alvarado Tezozómoc, y principalmente Bernardino de Sahagún, existían cinco cuauhxicalco o edificios ceremoniales del recinto sagrado de Tenochtitlan, donde habrían sido enterrados algunos tlatoanis o gobernantes mexicas, y quizá este edificio sea uno de ellos, pues guarda relación directa con el Templo Mayor al estar justamente frente a él. El primero de los hallados de este tipo se ubica debajo del sagrario de la Catedral Metropolitana, el cual se cree que se trata del Templo del Sol, debido a sus grandes dimensiones y a las representaciones solares que tiene, y el segundo sería esta plataforma que se acaba de descubrir.
Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó:
La plataforma se conforma de piedras de tezontle, unidas con lodo, y recubrimiento de estuco, y posee esculturas de cabezas de serpiente empotradas alrededor, a manera de clavos arquitectónicos, de las cuales hasta el momento se han contabilizado 19, algunas hechas en toba y las de mayor tamaño, de entre 40 y 45 centímetros, en basalto. Según las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, un sacerdote bajaba desde el Templo Mayor con una xiuhcoatl o víbora de papel, que era quemada en la plataforma ubicada frente al Templo Mayor, quizá como parte de una ceremonia religiosa asociada al dios de la guerra Huitzilopochtli, lo que nos hace pensar que dicha estructura corresponde a este basamento circular recién encontrado. En la parte superior de la estructura circular también se hallaron dos lápidas de piedra, que quizá originariamente estuvieron empotradas en el muro. Una tiene tallada la representación de un chimalli o escudo mexica, que se relaciona con Huitzilopochtli, y la otra, la figura de un chalchihuitl u ornamento, comúnmente utilizado por esta antigua civilización, la cual presenta volutas que semejan humo, que a su vez se relacionan con el fuego, por lo que quizá en esta estructura se realizaban actividades con este elemento, probablemente incineraciones. Al realizar sondeos para la cimentación de la nueva entrada al Museo del Templo Mayor, encontramos restos de pisos, uno de ellos es de bloques de andesita rosa y corresponde a la etapa constructiva VI, el cual a su vez cubría el segundo piso que está conformado por lajas de basalto, y se relaciona con la etapa V. Bajo estos pisos encontramos un muro prehispánico redondeado, por lo que extendimos la excavación, y a principios de septiembre se determinó que se trataba de una estructura arquitectónica circular, misma que presenta buenas condiciones de conservación. Consideramos que tuvo una gran relevancia para los mexicas, tanto por sus dimensiones como por su ubicación al estar frente al Templo Mayor, en orientación al adoratorio dedicado a Huitzilopochtli.
| publicado el 09 de Octubre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH almacenado en noticias enlace permanente |


rss