La Sociedad: Vida Palaciega y Vida Cotidiana

La capital del Imperio Azteca, México-Tenochtitlan, estaba constituida por una sociedad altamente estratificada y jerarquizada. Existían dos grandes grupos sociales claramente diferenciados: la nobleza y el pueblo común. En náhuatl estos dos grupos sociales se llamaban respectivamente los pipiltin y los macehualtin. Curiosamente, un grupo, los comerciantes o pochtecas, estaban a caballo entre estos dos grupos, pues una parte de ellos eran un gremio con una gran importancia táctica (tanto en su vertiente puramente comercial como en la militar) y disponían de numerosos privilegios y reconocimiento social, en concreto los que realizaban largas expediciones de intercambio comercial y espionaje militar, pero también agrupaba a los humildes vendedores de frutas. los cuales tenían los mismo derechos que cualquier otro macehualli.


Fotografía de Michel Zabé


Esta impresionante figura de cerámica y estuco, encontrada en la Casa de las Águilas, lugar donde solo podían acceder aquellos militares que habían alcanzado el máximo rango (el de caballero águila) situada a un lado del Templo Mayor de México-Tenochtitlan y cuyo uso era el de la realización de oraciones y autosacrificios. Aunque se pensó que representaba a uno de los integrantes de la orden, actualmente se tiende a pensar que representa al sol en su trayectoria hacia el ocaso. A Caballero Águila durante gran parte del tiempo en que existío el Imperio Azteca, podía llegar cualquiera que demostrara su valentía en combate y que al menos capturara cuatro prisioneros. Si la persona conseguía estos prisioneros, alcanzaba un estatus social tan importante que podía recibir una parte del tributo de los pueblos sometidos. Solo unos pocos de estos soldados, eran elegidos para entrar en las órdenes de los Caballeros Águilas o los Caballeros Jaguar. Esta meritocracia que tanto sirvió para poner a los más válidos en los mejores puestos, se terminó súbitamente, con la llegada al poder de Moctezuma II, quien creía firmemente que solamente los nobles debían ocupar los puestos más altos de la sociedad Azteca.

Visión Sagrada del Universo



Todas las civilizaciones que habitaron en Mesoamérica, desde los tiempos de los Olmecas, compartieron una visión común de la concepción del universo. La tierra era el nivel intermedio entre los niveles superiores, donde moraban los dioses, y el inframundo. El Omeyocan, era el más alto nivel celestial, y lugar donde moraba la pareja primordial, creadora de todo lo que existe y existirá en el universo. Esa visión vertical del universo, se complementaba con una visión horizontal, donde existían cuatro rumbos posibles, cada uno de ellos asociado a una deidad y un color. Mictlantecuhtli, era el dios del inframundo. Esta escultura se encontró en la Casa de las Águilas, dentro del recinto sagrado donde se hallaba el Templo Mayor de México-Tenochtitlan. Mictlantecuhtli era representado siempre amenazador. La escultura presenta orificios en la cabeza, donde se colocaba cabello humano natural, para darle un aspecto más realista y más aterrador. Se puede ver claramente su hígado colgando, donde se creía que habitaba un símil al alma, pero asociada al inframundo y a las pasiones. Mictlantecuhtli, reinaba en el Mictlán o inframundo, lugar al que iban a parar, aquellas personas que morían a causa de la vejez o de una enfermedad, que según la cosmovisión Mexica, era una de las formas de morir más deshonrosas que existían.



Uno de los dioses más antiguos y representados de Mesoamérica, es Xipe Tótec, nuestro señor el desollado. Las diferentes culturas que precedieron a los Aztecas, lo representaron de múltiples maneras, aunque guardando elementos comunes, es terrorífico, todas visten la piel de un desollado, la piel de la víctima del sacrificio, la piel que se le ha dado la vuelta y que muestra su cara interior. Además su nariguera es idéntica en todas sus representaciones y se convierte así, junto con la piel, en símbolo de la deidad. La pieza que se muestra aquí se encontró en el Templo Mayor de México-Tenochtitlan, a diferencia de la que se muestra en la exposición que fue hallada en Teotihucan, lo que además demuestra el carácter bélico de esta metrópoli, en contra de la imagen idílica que de ella se tenía.

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