Religión: Dioses y Ritos
El gran arqueólogo Mexicano, Eduardo Matos Moctezuma, propone en sus teorías, que para perpetuar el mito debe siempre existir un rito. Los mitos que rodeaban a la religión Azteca, eran múltiples y complejos, fruto de la evolución que la misma religión siguió en Mesoamérica desde sus más tempranos inicios, y debido a que los Aztecas no impusieron una nueva religión, si no una continuación de la predominante en el territorio que conquistaron y dominaron. Algunas de esas deidades-mitos eran: Huitzilopchtli, su dios patrono, el que los guió a la tierra prometida, identificado con el sol (por ello, los Aztecas era otro de los pueblos hijos del sol y a quién idolatraban y adoraban). Tezcatlipoca, la dualidad de Quetzalcóatl, patrono de la virilidad y dios de la guerra. El mencionado Quetzalcóatl, dios que creo a la humanidad del Quinto Sol y la cultura, y que se autosacrificó para dar vida a los hombres.
Fotografía de Michel Zabé
Uno de los ritos más importantes de la religión Azteca, era la Tlacaxipehualiztli (“el desollamiento de los hombres”), que tenía como objetivo, perpetuar el mito de la renovación constante en que se hallaba el universo, a su vez cíclico y repetitivo, donde se alternaba la vida y la muerte. En este rito que se celebraba en la primera veintena del año, los sacerdotes encargados de llevarlo a cabo, sacrificaban a sus víctimas y las desollaban, con el objetivo de utilizar esas pieles de manera ritual. Ellos mismo se colocaban la piel del desollado y posteriormente era ofrecida en ofrenda al dios Xipe Tótec (nuestro señor el desollado). Xipe Tótec era el patrono de la primavera, la vegetación y los orfebres y además era el encargado de sanar las enfermedades de la piel y los ojos. En el recinto sagrado de México-Tenochtitlan, se construyó un templo, el Yopicalco o “la casa del desollado”, dedicado al culto de este dios. Los sacerdotes de este templo, recibían el nombre de Yopico Teohua o “los que tienen al dios Yopi”. Algunas veces, no solamente eran los sacerdotes quienes vestían las pieles de los sacrificados, si no también devotos del dios, o personas con enfermedades en la piel o los ojos, quienes creían que portando la piel del sacrificado y encarnando así al dios Xipe Tótec, sanarían de su enfermedad. Este dios era una de los más representado por todas las culturas mesoamericanas. En concreto esta figura fue encontrada en el estado mexicano de Puebla.
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