Reproducen el sonido del silbato de la muerte

Gracias al análisis de los silbatos de la época prehispánica se ha logrado obtener nuevos datos que profundizan sobre su función sonora y se ha conseguido reproducir su acústica original.
La investigación se inició tras hallar un fragmento del llamado silbato de la muerte, proveniente del Cerro Mazatepetl, conocido como Cerro del Judío. El Ingeniero Roberto Velásquez Cabrera explicó que: “A menudo, los estudios de las culturas antiguas observan el pasado en silencio, como si nuestros antepasados y nosotros mismos fuéramos sordos, pero no es posible imaginar ninguna de sus actividades importantes en silencio, ya que siempre utilizaban sus sonidos. Los artefactos sonoros eran considerados sagrados, fueron muy usados y apreciados en todos los niveles de las sociedades antiguas, para actividades religiosas, militares y civiles. Algunos los desprecian porque los consideran juguetes, ya que así se usaban en las culturas medievales de Europa. La realidad indica que los silbatos mesoamericanos son más complejos de lo que se piensa; existían en una gran diversidad y tenían muchos otros usos. Además, todavía genera los sonidos de su función sustantiva, como en el pasado, lo que facilitó su examen formal. Los silbatos han sido importantes, debido a su poco peso y tamaño, su portabilidad, su alta potencia percibida y su alcance sonoro (de 300 a 500 metros); por la altura de sus sonidos, ya que la mayoría generan señales con frecuencias fundamentales dentro del rango de máxima sensibilidad humana y de varios animales como los pájaros. Por ello, estos instrumentos son excelentes para aplicaciones de comunicaciones en clave o señales que pudieron haber sido usados en las actividades militares, incluso como armas. Si se tocan dos silbatos de la muerte simultáneamente, se producen batimentos infrasónicos complejos que generan estados alterados de conciencia; psicodélicos y alucinógenos. Por ejemplo, un silbato grande puede generar sonidos dañinos o batimentos infrasónicos que pueden tener efectos negativos en la salud, o, en el caso contrario pueden contribuir a la salud física y mental de las personas que los perciben. Algunos aparecen representados en la iconografía, como en los murales de Bonampak, donde sobresalen dos trompetas que por la forma en que son sostenidas por los ejecutantes, se cree que fueron hechos de bule o guaje. Las civilizaciones mesoamericanas tenían un contacto cercano con la naturaleza y lo representaban en sus diversas manifestaciones culturales”.
La investigación se inició tras hallar un fragmento del llamado silbato de la muerte, proveniente del Cerro Mazatepetl, conocido como Cerro del Judío. El Ingeniero Roberto Velásquez Cabrera explicó que: “A menudo, los estudios de las culturas antiguas observan el pasado en silencio, como si nuestros antepasados y nosotros mismos fuéramos sordos, pero no es posible imaginar ninguna de sus actividades importantes en silencio, ya que siempre utilizaban sus sonidos. Los artefactos sonoros eran considerados sagrados, fueron muy usados y apreciados en todos los niveles de las sociedades antiguas, para actividades religiosas, militares y civiles. Algunos los desprecian porque los consideran juguetes, ya que así se usaban en las culturas medievales de Europa. La realidad indica que los silbatos mesoamericanos son más complejos de lo que se piensa; existían en una gran diversidad y tenían muchos otros usos. Además, todavía genera los sonidos de su función sustantiva, como en el pasado, lo que facilitó su examen formal. Los silbatos han sido importantes, debido a su poco peso y tamaño, su portabilidad, su alta potencia percibida y su alcance sonoro (de 300 a 500 metros); por la altura de sus sonidos, ya que la mayoría generan señales con frecuencias fundamentales dentro del rango de máxima sensibilidad humana y de varios animales como los pájaros. Por ello, estos instrumentos son excelentes para aplicaciones de comunicaciones en clave o señales que pudieron haber sido usados en las actividades militares, incluso como armas. Si se tocan dos silbatos de la muerte simultáneamente, se producen batimentos infrasónicos complejos que generan estados alterados de conciencia; psicodélicos y alucinógenos. Por ejemplo, un silbato grande puede generar sonidos dañinos o batimentos infrasónicos que pueden tener efectos negativos en la salud, o, en el caso contrario pueden contribuir a la salud física y mental de las personas que los perciben. Algunos aparecen representados en la iconografía, como en los murales de Bonampak, donde sobresalen dos trompetas que por la forma en que son sostenidas por los ejecutantes, se cree que fueron hechos de bule o guaje. Las civilizaciones mesoamericanas tenían un contacto cercano con la naturaleza y lo representaban en sus diversas manifestaciones culturales”.
| publicado el 26 de Abril de 2008 texto: http://www.aztlanvirtual.com/ e INAH fotografía: INAH enlace permanente |
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