Noviembre de 2004

Tenemos la innata tendencia a creer que nuestros remotos antepasados vivían inmersos en una sociedad arcaica, con pocos conocimientos, y en una absoluta falta de desarrollo tecnológico. Por tanto, nos sorprende (si no es que lo negamos completamente) encontrar pruebas que demuestren que los conocimientos que disponían esas culturas no eran tan arcaicos y que incluso eran realmente sofisticados. ¿Cómo explicar si no, la construcción de las pirámides de Gizeh en Egipto? ¿Cómo podríamos explicar la construcción de una metrópoli tan espectacular y precisa como lo es Teotihuacán en el año 200 antes de nuestra era?. Gracias a la rama de la ciencia de la Arqueoastronomía, estamos descubriendo que muchos de los monumentos más importantes del mundo antiguo servían como elementos calendáricos e indicaban a su clase dirigente cuando había llegado una fecha determinada (y eso ya sucedía desde la contrucción de Stonehenge sobre el año 3500 antes de nuestra era). Para ello debían orientar los edificios y templos hacia una determinada posición por lo cual necesitaban realizar mediciones muy precisas del movimiento de ciertos astros. Pero más sorprendente resulta, sí se demuestra finalmente, la teoría del conocimiento de la brújula por los Mayas (el conocimiento de la cual se remontaría realmente hasta los Olmecas) y que fue utilizado para orientar ciertas edificaciones importantes. Es por ello que éste mes dedicamos un reportaje a éste apasionante tema.