Enero de 2005

Cuando Frederick Catherwood y John Lloyd Stephens, descubrieron las espléndidas ruinas mayas, comidas literalmente por la selva durante siglos, supieron al instante que se hallaban ante la presencia de los restos de una gran civilización. Puesto que no eran capaces de interpretar la escritura maya, lo único que vieron fueron ciudades maravillosas, que en el pasado debieron ser monumentales y esplendorosas. Además no había rastros por ningún sitio de fortificaciones, por lo cual creyeron y divulgaron la romántica idea de que los Mayas vivieron en armonía total con la naturaleza y con los otros Mayas. Pero en el momento en el que se ha podido descifrar la escritura Maya, surge ante nosotros la verdadera y terrible historia de los Mayas, donde las guerras entre ciudades eran un hecho cotidiano y atroz. Incluso se he especulado que, entre otros, ese fue uno de los motivos de la caída de la civilización Maya. Y algo similar, está ocurriendo con Teotihuacán. Se creía que no era una civilización especialmente militar, y que el único contacto con otros pueblos fue a través de intercambios comerciales. Pero el descubrimiento de guerreros presumiblemente Mayas decapitados y enterrados en un acto ritual, hace pensar que, una vez más, la guerra ocupaba un lugar predominante en la vida de los pueblos de Mesoamérica.