Maqueta que muestra la extesión del Imperio Tarasco. Se encuentra en el museo de sitio de la zona arqueológica de Tzintzuntzan
El imperio Tarasco apareció en el posclásico tardío (desde el año 1250 al 1521 de nuestra era), y fue la cultura más importante de la subregión de Mesoamérica llamada de Occidente. En lo que es en la actualidad el estado de Michoacán, habitaban pueblos nahuas antes de la llegada de los Tarascos. Estos llegaron en primer lugar a la cuenca de Zacapu y se mezclaron con sus pobladores alrededor del año 1250 de nuestra era y posteriormente se desplazaron a la cuenca del lago de Páztcuaro alrededor del año 1350 de nuestra era.
Eran verdaderamente un pueblo muy bélico, por lo que no tardaron en conquistar por completo el territorio de Michoacán y sus alrededores (lo que corresponde a un territorio de 75.000 kilómetros cuadrados). Según la principal fuente de información que disponemos acerca del Imperio Tarasco que es la “Relación de Michoacán”, fue alrededor del año 1300 de nuestra era cuando se comienza a consolidar definitivamente dicho imperio como tal, y fue el Cazonci (o rey de los Tarascos) Tariacuri quién lo llevó a cabo. Posteriormente, el imperio se dividió en tres señoríos, Páztcuaro sería gobernado por su hijo Huiquingaje, Ihuatzio por Hiripan su sobrino, y Tzintzuntzan por otro de sus sobrinos, Tangánxoan I. Aunque muy pronto comenzaría a sobresalir el último de los señoríos nombrados, convirtiéndose en la capital del imperio hasta la llegada de los Españoles.
En realidad ellos se llamaban el pueblo purépecha, pero cuando los Españoles conquistaron el Imperio Purépecha, el Cazonci les ofreció a los Españoles a sus hijas, con la intención de ganarse su amistad. Los Purépechas llamaron entonces a los Españoles Tarascos, que en su lengua significa yernos. Los Españoles creyeron erróneamente que ellos se autodenominaban así, por lo cual ese es el nombre por el cual ha sido más conocido a este pueblo e imperio.
La Religión Tarasca
Su religión era muy parecida a la de otras culturas mesoamericanas, con deidades compartidas como Xipe Totec o Tláloc, aunque no solían representarlos en el arte que realizaban. Su dios principal era Curiacaveri (la gran alumbrada) que para los Tarascos era el creador del universo, y a quien le dedicaban la mayoría de los templos y mantenían un fuego eterno en ellos. Como en toda Mesoamérica, también existía la contrapartida de ese dio principal que era Curiavaperi, que era la madre de todos los dioses terrestres (y por tanto de por ejemplo Tláloc), y patrona de la vida y de la muerte.
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