Pero las reformas impuestas por Motecuhzoma II se extendieron más allá de los límites de la
administración, ya que impuso normas sociales en las cuales los macehuales (plebeyos) se
consideraban por debajo de los teteuctin y pipiltin (la clase social gobernante y los
nobles) algo que implícitamente había sido siempre así, pero que ahora, además, debía de
demostrarse públicamente, ya que ningún macehual tendría, por ejemplo, preferencia de paso
ante un verdadero noble por más pobre que éste fuese.
Para redondear sus reformas, ordenó a todos las personas con un cargo administrativo y que no
pertenecieran a la estirpe real o a la nobleza, que abandonara inmediatamente su cargo.
Sabía perfectamente que todas estas reformas comportarían una revolución social. Y que, ya sea por
convicción o mediante sobornos, incluso su propia vida estaría en peligro. Por ello, ordenó
destituir a todos los funcionarios del Imperio que habían sido elegidos para el puesto por
Ahuítzotl, ya estuvieran estos en México-Tenochtitlan o en cualquiera de las provincias tributarias
del Imperio. Claramente deseaba realizar una limpieza profunda. Si él elegía a las personas que
gobernarían el Imperio, estos, seguramente le tendrían gran aprecio y le serian fieles y sumisos.
Pero sus decisiones fueron mucho más allá. Ordenó que todo aquel que hubiera servido al Huey Tlahtoani
Ahuítzotl en el palacio real fuera inmediatamente asesinado.
Podemos intuir que la principal preocupación de Motecuhzoma II a la subida al trono, era obtener
una obediencia total de las personas que estaban por debajo de su persona y que tenían que hacer
funcionar el Imperio tal y como él deseaba. Sus años en palacio antes de su llegada al poder le
habrían hecho ver conspiraciones de todo tipo, incluido el magnicidio del séptimo y fugaz Huey Tlahtoani
Tízoc en 1486 cuando Motecuhzoma II apenas contaba con 19 años. Para lograr imponer sus ideas
y evitar una conspiración, deseba tener todo bajo su control y para ello estableció una especie
de “Monarquía Absolutista” (Davies, 1973). Era consciente de que sus medidas iban a ser
impopulares y que todos aquellos que habían conseguido una importante posición en la escala social
del Imperio y que ahora iban a ser destituidos de sus puestos y desposeídos de todo lujo, podían
poner en marcha fácilmente una conspiración que inevitablemente pasaba por el asesinato de su persona.
Si los antiguos funcionarios y sirvientes de Ahuítzotl continuaban en sus puestos, podían ser
fácilmente sobornados y permitir que la conspiración se ejecutara fácilmente, por lo cual era
vital que desaparecieran de la vida política.
4. La Política Territorial de Motecuhzoma II
Ya nos hemos referido a la situación de potencial inestabilidad geopolítica en la que se encontraba
el Imperio en el momento de la subida al trono de Motecuhzoma II. Consciente de este problema,
Motecuhzoma II viró por completo la política de conquistas llevadas a cabo por su antecesor en el
cargo, Ahuítzotl. Mientras que este último se había dedicado a ensanchar los territorios del
Imperio, Motecuhzoma II tenía muy claro que esa política no servia de nada si no se acababa con
la existencia de territorios enemigos y no conquistados insertados dentro del Imperio. Es más, las
siguientes conquistas de nuevos territorios no servirían de nada si no se subyugaban de la
manera adecuada. La historia le había enseñado a Motecuhzoma II que las rebeliones de estos
territorios eran más frecuente de lo deseado. ¿De que servía ir a realizar conquistas de
territorios aún más alejados de la capital para engrandecer aún más el Imperio si no se
subyugaban adecuadamente los territorios aún libres o mal conquistados ya existentes?.
