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Las tropas de Huexotzingo fueron repelidas y como reprimenda los Tlaxcaltecas invadieron Huexotzingo. Es en este momento de inestabilidad política cuando Motecuhzoma II, viendo que ambos aliados tradicionales estaban enfrentados, decide que es el momento ideal para realizar un ataque frontal con el objetivo de acabar con ellos definitivamente. Pero a pesar de reunir un importante ejército, en su primer enfrentamiento las tropas del Imperio salen derrotadas ya que, de manera momentánea, las tropas de Huexotzingo y Tlaxacala se unieron de nuevo para hacer frente al enemigo común (Carrillo de Albornoz, 2004). Sin duda Motecuhzoma II era consciente del gran problema que tenía. Su poderoso ejercito no era capaz de conquistar los territorios del Valle de Puebla-Tlaxcala. A pesar de sus carencias materiales y de la tenaza que pesaba sobre ellos los Tlaxcaltecas y Huexotzingas eran terribles guerreros. Parecía evidente que Motecuhzoma II no sería capaz de conquistarlos mientras ambos siguieran siendo aliados.

Por lo tanto dio un giro radical a su política respecto a Huexotzingo-Tlaxcala. De nada serviría seguir intentado su conquista. El Imperio había intentado debilitar económicamente a los señoríos enemigos pero dicha estrategia no había dado resultados positivos. Había intentado su conquista, pero cuando estos se aliaban, no era capaz de derrotar a sus tropas. Si el debilitamiento económico no había servido de nada, la solución parecía estar en intentar un debilitamiento político. Si conseguía enfrentar a ambos territorios podría tener una posibilidad de aliarse con uno de ellos para conquistar a los dos. Y aunque lo intentó, no dio resultado, pues, aunque trató de acercarse al señorío de Huexotzingo y conspirar contra el de Tlaxcala, al final, el odio ancestral contra los Mexicas se sobreponía a las continuas rencillas entre ellos.

Tlacaélel durante el reinado de Motecuhzoma I, había establecido las famosas guerras floridas con los señoríos de Huexotzingo-Tlaxcala como un acto ritual destinado según los cronistas del siglo XVI, no a conquistarse y derrotarse mutuamente si no a facilitar la captura de prisioneros que abastecieran a la creciente necesidad de realizar sacrificios humanos. Se había llegado a establecer de esta manera un pacto político-religioso que se servía de una actividad militar.

No obstante otras interpretaciones de las guerras floridas hacen pensar que poco de religioso tenían y que detrás de ellas únicamente existía la convicción de que se debía conquistar el valle de Puebla-Tlaxcala o que estás únicamente fueron acordadas con Tezcoco pero no con México-Tenochtitlan (Contreras, 1995).

En cualquier caso con Motecuhzoma II, parece que toda la política establecida con anterioridad da un giro radical. Utiliza las guerra floridas, ya no como acto ritual si no a su antojo y conveniencia. A veces ni tan siquiera las utiliza como excusa y ataca frontalmente sin más a Huexotzingo-Tlaxcala para intentar su conquista, aunque ciertamente, siempre sin éxito. Otras veces utiliza las guerras floridas como lugar para eliminar a sus enemigos:

“(...)(Motecuhzoma) envió secretamente sus embajadores a la señoría de Tlaxcalan, avisándoles de cómo el rey de Tetzcuco tenía convocado todo lo más y mejor de sus ejércitos, no para el ejercicio militar y sacrificio de sus dioses conforme a la ley y costumbres que entre ellos estaba establecido, sino con intento de destruir y asolar la provincia y señorío, y hacerse señor de ella(...)” (13)

Según algunas crónicas, Motecuhzoma II conspiró contra Tezcoco antes de la celebración de una guerra florida, con el objetivo de adueñarse por completo del gobierno del Imperio. Su concepción de cómo debía gobernarse el Imperio conquistado no pasaba por tener tres cabezas visibles y por supuesto, la más incómoda y poderosa era la que personificaba Nezahualpilli rey de Tezcoco. Estén en mayor o menor medida manipuladas dichas crónicas (14), parece evidente que algún trasfondo de realidad pueden tener y no dudo que la misma tenacidad que mostró Motecuhzoma II para subyugar a todas las tierras circundantes, también la debió tener para consolidar en su única persona el gobierno del Imperio.

En 1515 se produce un acontecimiento inesperado. Los eternos enemigos de Huexotzingo y Tlaxcala vuelven a entrar en conflicto y los señores de Huexotzingo, desesperados, piden ayuda a Motecuhzoma II. ¿Cuál debió ser el deleite que le propicio tal acontecimiento a Motecuhzoma II?. Por fin sus intentos diplomático de intentar conspirar contra ambos parecían que iban a dar el resultado esperado. Motecuhzoma II acude a la llamada de auxilio y ocupa virtualmente el territorio de Huexotzingo, mientras sus habitantes, incluido sus gobernantes, se refugian en México-Tenochtitlan. Por fin ambos señoríos estaban totalmente divididos. Era la hora del golpe de gracia final. Si conseguía acabar con los Tlaxcaltecas habría caído por fin el territorio enemigo de Huexotzingo-Tlaxcala. Pero nada de eso sucedió. Las tropas del Imperio no consiguieron acabar con las tropas Tlaxcaltecas. De hecho fueron humilladas, derrotadas, capturadas y sacrificadas. ¿No debió recordar en ese momento Motecuhzoma II la derrota de Ahuítzotl contra el Imperio Tarasco?. Motecuhzoma II estaba convencido de la superioridad de las tropas del Imperio. La derrota sufrida contra los Tlaxcaltecas tenía que deberse a la indisciplina que se estaba produciendo en el interior de las tropas Imperiales. Hasta ese momento había efectuado una purga en la parte administrativa del Imperio pero le había llegado el momento al ejército. Ordenó inmediatamente que un gran número de importantes cargos militares que habían participado en la guerra contra Tlaxcala se les privara de las insignias de alto rango militar que poseían y por supuesto de todos los privilegios que poseían estos militares.



13. Extraído de “Historia de la Nación Chichimeca”. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.

14. Fernando de Alva Ixtlixóchitl era descendiente de los señores de Tezcoco y en su famosa “Historia de la Nación Chichimeca” exalta a los mismo. De hecho, leyendo su historia, pareciera que los Mexica no tuvieron demasiada importancia en la historia de Mesoamérica, si no que más bien, lo malograron todo. Especial odio parece demostrar contra Motecuhzoma II y es por ello que sus crónicas no pueden considerarse especialmente imparciales.


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