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Precisamente en Oaxaca y entre los años 1.150 y 850 antes de nuestra era y en la zona de San José Mogote, comienzan a construirse grandes edificios públicos utilizando piedra caliza transportada desde canteras situados a cinco kilómetros de distancia, dejando de usar la toba volcánica utilizada hasta el momento que se hallaba en las cercanías del pueblo, indicando la existencia de una jerarquía capaz de movilizar a personas y pueblos. Esa elite consumía gran cantidad de bienes de prestigio como collares, orejeras, o máscaras, hechos entre otros elementos con mica de diferentes colores.

Ya en plena zona nuclear Olmeca, en San Lorenzo y dentro del contexto arqueológico de la cabeza colosal número 7 (concretamente en las unidades habitacionales cercanas), se han reportado cerámicas domésticas burdas con gran cantidad de pequeñas láminas de mica en la pasta y en la superficie, datadas entre los años 1.150 y 1.050 antes de nuestra era (fase San Lorenzo A). Curiosamente, este tipo de cerámica no presenta grandes decoraciones, al contrario del resto, seguramente porque el motivo principal de las mismas eran los destellos que producen las láminas de mica. También se ha hallado en este lugar, restos de brazos correspondientes a pequeñas figuras antropomorfas que contenían mica en su pasta.

En Tres Zapotes, se han hallado trozos de mica de procedencia Oaxaqueña, que parecen ser residuos producidos durante la fabricación de objetos por parte de los artesanos locales. Es conocida, por otra parte, la existencia de conchas de nácar en San José Mogote procedentes del Golfo de México, lo cual sin duda nos indica la existencia de un intenso intercambio entre Oaxaca y la zona Olmeca. Parece claro por tanto, que durante el Preclásico, la mica fue usada principalmente para la elaboración de bienes suntuarios, los cuales comenzaron a cobrar importancia con el surgimiento de las primeras estratificaciones sociales y la creación de redes de intercambio.

El uso de la mica como parte de los objetos en el vestuario, se extendió posteriormente a Teotihuacan, ya que durante las excavaciones realizadas en el conjunto residencial de Zacuala por Laurette Sejourné durante la década de 1950 del siglo XX, en las ofrendas asociadas a las sepulturas, se hallaron discos de mica de diferentes tamaños y formas, que seguramente sirvieron de ornamentación a las personas allí enterradas que posiblemente tuvieron un alto cargo jerárquico.

Recientemente, en los barrios de Teotihuacan que se cree estuvieron habitados por personas procedentes del Occidente de México, muy cercanos al barrio Zapoteco, se han hallado también en sus tumbas, discos de mica acompañando a objetos tanto de manufactura local como importados del Occidente de México y realizados en hueso, pizarra y obsidiana.

De hecho, la mica es uno de los elementos más comunes en las ofrendas rituales en Teotihuacan y se halla en el 14% de los entierros, hallándose por igual en tumbas de hombres y mujeres sin importar la edad, aunque probablemente sí la clase social. En estos contextos, lo normal es hallar o discos de mica o fragmentos de ella sin una forma clara.

Asimismo, durante la excavación del Palacio de Quetzalpapalotl, realizadas por Jorge Acosta en la década de 1960 del Siglo XX, y concretamente en el famoso Patio de los Pilares, se descubrieron discos de mica que eran usados para engalanar los muros pintados del palacio, tal y como lo relata él mismo:

“(...) Fue en el ángulo noroeste donde vimos recompensado nuestro cuidado, ya que al retirar la tierra pudimos apreciar un disco de mica todavía adherido a la superficie mural. Por supuesto, sin la presión del escombro, se desprendió, más el hecho quedó comprobado, ya que en este mismo sitio apareció otro, pero ya fuera de lugar Lo anterior demuestra una vez más el fastuoso gusto de vivir de los antiguos teotihuacanos que, no conformes con sus maravillosas pinturas las trataban de mejorar con la aplicación de mica para causar un efecto parecido al destello de las estrellas del firmamento.” (“El Palacio de Quetzalpapalotl”. Jorge Acosta. 1964)

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