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3. Las profecías en Mesoamérica

Ya hemos comentado que todas las culturas en Mesoamérica compartieron una concepción cíclica del tiempo. Si bien la duración de estos ciclos podía variar de una cultura a otra, compartían la misma creencia: los acontecimientos que se producían en un año determinado de un ciclo, volverían a repetirse en el mismo año del siguiente ciclo. Esto explica en parte el motivo por el cual la mayoría de los habitantes de Mesoamérica no necesitaban fijar en cuál de los posibles ciclos ocurría un hecho y tan solo era importante fijar en qué año dentro de ese ciclo había sucedido un acontecimiento para poder tenerlo en cuenta cuando volviese esa fecha en los ciclos siguientes:
Una racha de frio o una plaga de insectos que destrozaran las plantas de maíz, lo que no era nada raro en el valle de México, causaban por consiguiente una terrible miseria por hambre, según informan las crónicas mexicanas en diversas ocasiones, y los años designados por ‘1 conejo’, durante uno de los cuales ocurrió tal catástrofe bajo el reinado de Moctezuma I, eran considerados desde entonces como fechas maléficas.(3)
De hecho 52 años después de esa hambruna en un año también 1 Conejo (1 Tochtli), ya durante el reinado de Motecuhzoma II Xocoyotzin volvió a ocurrir una nueva hambruna (4). ¿Acaso para el mexica no significaba esto, efectivamente, que la historia se repite una y otra vez y los mismos acontecimientos pasaban en los mismo años de un ciclo de 52?

Los sacerdotes encargados de realizar las profecías sobre los años venideros o incluso sobre los años en curso, registraban los acontecimientos más notables que iban sucediendo, de manera que pudieran deducir si un año iba a ser bueno o no para un determinado hecho, en función de lo que había acontecido en ese mismo año en ciclos anteriores. Los acontecimientos se registraban en sus libros proféticos y éstos estaban vivos, ya que se modificaban constantemente conforme se sucedían nuevos acontecimientos importantes. Estos libros servían tanto de memoria histórica como de libro profético. Esto lo pudo comprobar en persona el investigador Alfonso Villa cuando descubrió un nuevo Chilam Balam que hoy se conoce como Chilam Balam de Tusik:
Así, grande fue la sorpresa del distinguido investigador Alfonso Villa Rojas, encontrándose con un grupo de ancianos mayas en el pueblo de Tusik en 1936, mientras les leía en maya un trozo del Chilam Balam de Chumayel, se vio interrumpido de pronto por uno de los que escuchaban, quien, tomando la palabra, enunció a su vez un texto paralelo, incluido en el Chilam Balam que ellos conservaban y en el cual continuaban escribiendo.(5)
Esta singular anécdota nos deja bien claro que los pueblos Mesoamericanos tenían todos y cada uno de ellos sus libros proféticos y que éstos eran actualizados conforme se sucedían, o incluso, dejaban de producirse los acontecimientos que marcaban el devenir de ese pueblo.

En definitiva, debido a la concepción cíclica del hombre Mesoamericano, éste a la hora de realizar una profecía, leía el pasado (los acontecimientos que habían ocurrido en una fecha determinada en ciclos anteriores) para ver el futuro. De esta manera, el profeta y sus profecías era muy distinto del occidental, ya que mientras en occidente el profeta ve el futuro sin tener en cuenta el pasado y esa profecía es inamovible, en Mesoamérica se lee directamente el pasado y se predice de esta manera el futuro. Pero estas profecías son modificables, porque modificable es también la voluntad de los Dioses que rigen los destinos del hombre Mesoamericano. De hecho el maya concebía el pasado delante de una persona (ya que puede verlo) y el futuro detrás (ya que no puede verlo directamente)(6)



3. “Las Antiguas Culturas Mexicanas". Walter Krickeberg. 2003. Pag 28.

4. ““El Eclipse de Quetzalcoatl". Mario Gómez Molina. 2009. www.aztlanvirtual.com

5. “Literaturas Indígenas de México". Miguel León-Portilla. 2003. Pag 183

6. "El universo temporal en el pensamiento maya". Mercedes de la Garza. 2010. Página 4


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