Introducción
Todas las áreas del conocimiento humano contienen luces y sombras. Cuando algo se hace popular, se produce un florecimiento de historias olvidadas, comentarios inoportunos, teorías que en algún momento se dieron por ciertas o incluso chascarrillos que se elevan a la categoría de verdad absoluta. En definitiva se comienzan a gestar mitos difícilmente extirpables. Eso es precisamente lo que ha sucedido a nivel popular con la historia de Mesoamérica. Cuando los mitos se cuentan una y otra vez, estos se autoalimentan y crecen, llegando a veces a ser más conocidos que la verdad histórica, a la cual llegan a sustituir.
Ya se sabe que a base de repetir una mentira (sea de manera consciente o inconsciente), ésta acaba por convertirse en creencia y resulta más complicado desmentir la mentira que creer la verdad. Por este motivo, hemos tomado algunos de los mitos que se están imponiendo respecto a Mesoamérica, con la intención de ayudar a desmitificarlos. Para cada uno de estos mitos intentaremos encontrar su origen y explicar la verdad que hay detrás, basándonos en las últimas investigaciones realizadas.
Es curioso comprobar como existe una constante en estos mitos. Se basan en teorías muy antiguas que alguna vez tuvieron validez aún cuando hoy en día han sido completamente rebatidas. Es quizás el eterno problema de leer algo y hacer referencia a ello sin averiguar si esa cita es correcta o no, o si las últimas investigaciones lo han desmentido. Otras veces sin embargo, los mitos de Mesoamérica no se basan ni tan siquiera en una teoría científica antigua, si no en comentarios realizadas por personas más apegadas a los turistas que al mundo académico.
Los mitos tienen diversas fuentes de gestación pero todos tienen en común el poder que adquieren. Ganan a la verdad. Y es que a veces, es cierto, la historia que cuenta el mito es más sugerente que la verdad. Pero la verdad debe prevalecer ante todo.
¿Conseguirá este trabajo acabar con los falsos mitos de Mesoamérica? Es difícil dar una respuesta a esta pregunta. Sólo con la difusión de la verdad se podrá ganar al mito. Por otra parte, este tiene más fuerza que la verdad en algunos casos, por lo cual se implanta más rápidamente en la conciencia popular. Suele ser más atractivo que la verdad, por lo cual se le presta más atención. Muchas personas rechazan la historia por aburrida, pero prestan atención al mito por interesante. A veces el mito tiene partes verdaderas y partes falsas, por lo cual extirpar el mito resulta, si cabe, más difícil. En cualquier caso esperemos que el lector se sienta atraído por conocer la verdad. Con eso será suficiente para poder comenzar a desmitificar Mesoamérica.
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